16/8/08

De Librilla y otros pueblos por Antonio J, García Conesa

Artículo revelador de Antonio J García Conesa en su blog Ahora o nunca:


Buena se ha montado en Librilla desde que el pasado lunes saltó la noticia destacada en la anterior entrada. En el debate posterior que reflejó la prensa durante los días siguientes, a uno le queda la sensación de que el futuro de Librilla tiene que pasar necesariamente por los limones o las casas. Unos dicen que no se puede apostar por la agricultura porque no hay agua (¿acaso había más agua estructuralmente disponible —sequías coyunturales aparte— hace diez o quince años, cuando no paraban de incrementarse los regadíos?). Este es el argumento del alcalde, José Martínez. Otros admiten lo evidente: que para las casas no hay demanda, ni parece que vaya a haberla a corto o medio plazo. Sobre todo si tenemos en cuenta que los municipios circundantes también han realizado reclasificaciones masivas de suelo.
Hay otro detalle en el que no repara nadie. Los limoneros dan limones todos los años. Más abundante o más escasa, con más precio o con menos, pero todos los años hay cosecha. Sin embargo, cuando se hubieran construido las 2.800 hectáreas reclasificadas en Librilla a costa del regadío... ¿qué quedaría después? ¿Servicios para los «nuevos librillanos»? Tal vez. Pero, no nos engañemos: estos nuevos servicios nunca generarían un volumen de empleo similar al creado durante la fase de construcción de las viviendas. Lo estamos viendo ya a escala nacional.
El desarrollo económico siempre fue antes (la causa), y el incremento de la población después (la consecuencia). El «modelo Valcárcel» consiste precisamente en invertir esta lógica. Pero es un experimento peligroso, porque el coste de los servicios públicos demandados (sanidad, educación, seguridad, infraestructuras…) puede ser mayor que la riqueza creada, si detrás no hay una inversión productiva suficiente en otros sectores.
¿Por qué, en este debate, nadie se acuerda del sector industrial? Creo sinceramente que el futuro de Librilla no pasa ni por las obras ni por los limoneros, sino por el parque empresarial Cabecicos Blancos. Pero para trabajar en la industria hay que pasar primero por el instituto y estudiar Formación Profesional, o por el estupendo centro de formación de la FREMM, o por los que tienen el SEF, Comisiones Obreras y UGT. O incluso —y tal vez ya sea demasiado pedir— terminar el Bachillerato para después cursar un Ciclo Formativo de Grado Superior, que tan buenos resultados dan en el mercado laboral. Lo de hacer una ingeniería en la UPCT ya ni lo planteo.
Pero es más importante sacarse el carné de conducir, a ser posible al día siguiente de cumplir los 18. Y ponerse a trabajar cuanto antes para poder comprar el Audi A3, previo préstamo del banco y arrime de los papás (como premio por no haber terminado la ESO). Desgraciadamente, esta es la peculiar forma de entender la prosperidad para demasiados murcianos, favorecida por un modelo de desarrollo que incita a la precocidad laboral. Ahí están las estadísticas que lo demuestran: la Región de Murcia ya es la comunidad autónoma que está a la cabeza en abandono escolar prematuro (volveré sobre este asunto).
Por no hablar de ese mistermarshallismo consistente en creer que la riqueza tiene que venir necesariamente de fuera, y que está presente en la conciencia económica de muchos paisanos. En materia de desarrollo no existen inversiones redentoras, «sectores milagro», ni atajos. Ni en Librilla, ni en ninguna parte.
Publicado por Antonio J. García Conesa

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